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La fuerza voluntaria del siglo XXI

La fuerza voluntaria del siglo XXI
03 Mar, 2014

Vivimos en una sociedad que enfrenta muchos retos para el futuro. Según datos extraídos de los  últimos Informes de Desarrollo Humano de  las Naciones Unidas, alrededor de 2700 millones de personas en el mundo viven precariamente, con menos de dos dólares al día. Cada 3.6 segundos, un niño muere de hambre. Alrededor de 2600 millones de personas no tienen instalaciones sanitarias y más de 1000 millones de personas no tienen acceso a agua potable.

Los voluntarios y voluntarias tienen en sus manos herramientas que contribuyen a visibilizar estos grandes retos globales para, posteriormente, tomar acción.  Son los constructores de opinión y ciudadanía del siglo XXI.

Los “indignados” de Wall Street fueron ciudadanos voluntarios comprometidos con una lucha que consideraban “contra la avaricia del sistema financiero”. Las redes sociales movilizaron a miles de ciudadanos del mundo que voluntariamente compartían opiniones e información con el objetivo de  derrocar al presidente de Egipto. Unas horas después del terremoto de Haití, las primeras organizaciones que acudieron a ponerse a las órdenes de los damnificados, eran conformadas por voluntarios. La Unicef estima que en el 2010, 10 millones de voluntarios vacunaron a 550 millones de niños. En América Latina, existen, aproximadamente, un millón de organizaciones que trabajan haciendo trabajo voluntario en la lucha por derechos humanos en temas como educación, desarrollo comunitario, salud, y procesos de paz.

Las actividades de voluntariado fomentan la articulación de la comunidad y el empoderamiento de la ciudadanía acerca de su propio desarrollo.  Este es el ADN del voluntariado del Siglo XXI, el estratégico, el que contribuye a los grandes retos de la humanidad, el que construye tejido social, el que empodera y transforma.

Voluntariado en la economía global

Las personas voluntarias son los principales defensores de los derechos humanos. Están comprometidos con una causa y con sus comunidades. Trabajan la mayoría de las veces de manera horizontal, entendiendo que el trabajo en alianza con diferentes sectores, tiene más impacto que el trabajo de un solo individuo. Aportan a las áreas geográficas más marginadas de sus países y llegan con urgencia donde más los necesitan. Son reconocidos, como dice la Universidad Johns Hopking, por “identificar y encarar necesidades no cubiertas, por innovar, por entregar servicios de excepcional calidad y por servir a los que tienen mayores necesidades”. 

Según Bernardo Kliksberg, aproximadamente, 140 000 millones de personas hacen voluntariado de forma sistemática, lo cual constituye un 16% de todas las personas adultas del mundo.  El voluntariado es considerado por su aporte a la economía,  la Octava Fuerza Económica Global –en Producto Interno Bruto-. En países como Israel, el 13% del Producto Interno Bruto Nacional es producido por voluntariado. La Universidad Johns Hopkins midió, en  una muestra de 35 países, el peso de las actividades de las ONG en la economía entre 1995 y 1998. Se determinó que la suma de lo producido por estas ONG en estos 35 países era equivalente a la séptima economía del mundo, solo superado por Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Inglaterra y Francia.

Las personas que realizan sistemáticamente trabajo voluntario tienen mejor calidad de vida que aquellas que no lo hacen. Un 83% de las personas que hacen voluntariado en Australia afirma que el voluntariado aumentó su sentimiento de pertenencia a la comunidad. Los voluntarios y voluntarias viven más tiempo y le encuentran más sentido a la vida y tienen más capacidad para soportar el fracaso.

El voluntariado estratégico como herramienta empresarial

Las empresas como actores del desarrollo también tienen un papel estratégico en la solución de los principales retos globales y el voluntariado estratégico es una herramienta para lograr este fin. Hemos visto el auge creciente de los programas de voluntariado de las principales empresas del mundo. Sin embargo, nos enfrentamos al reto de que estos programas, sean realmente estratégicos y creen valor al giro de negocios de nuestras empresas al tiempo en que generan valor a la sociedad.

No se trata de sustituir al Estado, sino de complementarlo. Países líderes en voluntariado, como Suecia, Holanda y Noruega, son ejemplos de que los Estados con índices de desarrollo humano más fortalecidos tienen entre sus políticas el incentivo del trabajo voluntario. El voluntariado estratégico empresarial no puede por sí solo superar las causas estructurales que generan miseria. Pero la acción combinada y coordinada de los voluntarios, empresas, sociedad civil y Estado maximiza el potencial de todos y todas.

Por otro lado, tenemos que continuar incentivando que las labores que se ejecuten como voluntariado en nuestras empresas, sean realmente estratégicas. Superar la visión que hacer voluntariado es  solamente “pintar escuelas” y “sembrar árboles”.  Es necesario que estas actividades estén alineadas a los objetivos de nuestro negocio y que, además, contribuyan a partir de estos objetivos a mitigar los impactos que produce nuestra operación y, a la vez, aportar a la solución de los grandes problemas globales.

Y por último, tenemos que medir. Según el Último Informe de Voluntariado de la Naciones Unidas, publicado en el 2011, uno de los retos del voluntariado en el mundo es la medición de la contribución que las acciones de los voluntarios producen en nuestra sociedad. Complicado de medir, porque todavía hay quienes consideran que su contribución es intangible y porque no existe una herramienta universal. Sin embargo, a partir de la creación de una herramienta que nos permita ejecutar tal acción, podríamos convencer a los tomadores de decisión acerca de la importancia de esta herramienta que debería trascender –como está sucediendo ya en naciones más desarrolladas- a una política estatal.